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Tesoros Regios Ilimitados

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Tesoros Regios Ilimitados -

Para que se haga una apreciacin justa de un ser humano o de una nacin, hace falta, ante todo, conocerla. Para conocerla, es indispensable acercarse con cierta dosis de simpata.

Y esa simpata, tan indispensable, raras veces se ha dado, debido precisamen te al prejuicio antijudo tan generalizado en la civilizacin occidental. Para comprender al judo o al judaismo no hace falla cerrar los ojos ante sus defectos ni convertirse en apologista.

No es preciso adop tar el punto de vista judo ni ser judo para pintarlo con veracidad, co mo no es necesario volverse musulmn para estudiar a los mahometa nos. Al contrario, el observador neutro, pero interesado, ve a menudo cosas que nosotros mismos no alcanzamos a ver. Grandes escritores han hecho referencias a los judos, a veces de paso y otras veces despus de estudios concienzudos, que nos reflejan mejor que las descripciones de nuestros propios especialistas de segunda o tercera categora.

Los esfuerzos por comprender al judo, al menos en la literatura, son raros antes del siglo XIX. Hay dos motivos que explican este he cho. Uno es la escasez del contacto espiritual entre judos y no judos en, pocas pasadas, en que el trato mutuo se reduca al comercio y a dis putas teolgicas.

El otro es el prejuicio fomentado por la teologa cris tiana y mahometana , tan arraigado en el pueblo, que el escritor le- 8 DESTELLOS EN LA PENUMBRA na que tener cuenta del mismo, aun cuando no lo hubiese compartido. Shakespeare probablemente no fue antisemita en el sentido moderno de la palabra, aunque probablemente compartiera la opinin corriente en su tiempo acerca de los judos.

Su eleccin de Shylock para representar al avaro padre en El mercader de Venecia no se deba a ninguna obser vacin personal. Toda la trama de su pieza teatral est tomada de un cuento italiano donde, por cierto, la situacin del judo es inversa a la del drama ingls.

A los ojos del pblico ingls, la inversin de la situa cin estaba artsticamente justificada y el personaje adquira gran fuer za dramtica. Hacer de Shylock una vctima de la codicia y de la bruta lidad de personajes no judos hubiera constituido una violacin de los sentimientos de los espectadores, casi todos hostiles a los judos.

Aun en la Antigedad, cuando la religin no dominaba como du rante la Edad Media, era arriesgado hablar bien de un pueblo que, so metido despus de una larga y sangrienta guerra, lleg a socavar los cimientos del imperio romano con sus supersticiones religiosas judeo- cristianas.

Tal situacin empeor durante la Edad Media, tanto en Euro pa como en el mundo musulmn, pues las nuevas religiones monotestas se hallaban en agudo conflicto ideolgico con el judaismo. Manifestaban su resentimiento y su odio ante la terquedad juda, tanto en el Nuevo Testamento como en el Corn, de modo que el antisemitismo recibi san cin religiosa a travs de los libros sagrados.

Claro est, hubo excepciones muy notables. De no ser as, el pueblo judo no hubiese podido sobrevivir a las persecuciones. Los judos en contraron poderosos protectores no slo en las personas de ciertos sobe ranos, como Alejandro Magno, Julio Csar, Federico Barbarroja, Sala- dio, Casimiro el Grande y otros, sino tambin en el terreno espiritual e incluso entre el clero.

Bernardo de Claraval, el Papa San Gregorio el Magno y muchos prncipes de la Iglesia elevaron su voz y se impusieron para impedir ataques y persecuciones a judos.

Hasta nuestros propios das, millares y millares de judos deben su vida a la intervencin de clrigos que demostraron ser cristianos en el sentido ms noble de la palabra. Podra escribirse una interesantsima historia del filosemitismo, que nos revelara el caudal de nobleza y de herosmo que existe en la humanidad, mejor que ninguna historia nacional.

Tambin en el terreno de la literatura se refleja esta situacin. En medio del oscurantismo encontramos honrados esfuerzos por compren der al judo. En dos cuentos de Boccaccio aparecen persona jes judos que se nos antojan idealizados, particularmente en el de Los RETRATOS DE JUDOS 9 tres anillos, que Lessing utiliz en su drama Natn el Sabio y que fue uno de sus grandes argumentos en pro de la tolerancia.

Juan Reuchlin fue defensor del Talmud tan empecinado como el mejor de nuestros ra binos. Y hasta Martn Lulero e Ignacio de Loyola, de seguro sin ser par tidarios nuestros, hablaban sin embargo en favor del pueblo judo en varias ocasiones.

Expresiones de un franco filosemitismo las encontra mos en las obras de Racine, de Hugo Grocio, de los filsofos Hobbes y John Locke, de Roger Williams y de Emilio Castelar, George Alexander Kohut public en su Hebrew Anthology, en la que nos ofrece pginas de selecciones de obras principalmente inglesas y americanas, con personajes judos, desde la poca isabelina hasta su propio tiempo.

Ta les escritos son, por lo vasto, menos raros de lo que se supone general mente. Los esfuerzos de escritores no judos por comprender y presentar al judo tienen valor extraordinario para nosotros. No solamente por el m rito innato en toda labor de comprensin humana, sino porque nos per miten restablecer las perspectivas y vernos mejor.

Haca falta una George Eliot para sacar la conclusin de que la lgica solucin del problema judo, en el siglo XIX, era la constitucin de un Estado judo. Pero sera ingrato, por parte de nosotros, fijarnos nicamente en este aspecto utilitario o prctico de la novela con tema judo en las li teraturas extraas.

Tenemos la tendencia, comprensible por cierto, de escribir cien veces ms sobre el antisemitismo que no sobre el filosemi tismo. Y sin embargo, no vale ms un acto de amistad, de bondad y de nobleza que mil actos de vileza?

No es preferible destacar las pocas pruebas de comprensin humana, de ayuda desinteresada y de amor que no los mil incidentes que dan fe de la estupidez, del egosmo y del odio de nuestros semejantes?

Sera un crimen olvidar que muchos gentiles han empuado las ar mas en defensa de judos, a veces con riesgo de sus fortunas y de sus vidas.

El Yo acuso, de Emilio Zola, no fue simplemente un folleto inte resante que se aplauda en los salones judos de Pars; fue un instru mento de guerra que le caus muchos sinsabores al autor, ataques y amenazas a su vida, fue motivo de un juicio y le oblig a huir de su patria. Una denuncia del nazismo, tal como la hizo Thomas Mann, y sus subsecuentes libros sobre temas judos no han podido escribirse sin acarrear al autor graves inconvenientes.

No nos hagamos ilusiones. La mayora de los judos no han hecho sacrificios personales y materiales ni remotamente comparables a los de 10 DESTELLOS EN LA PENUMBRA estos hombres, en defensa nuestra, ni han dado prueba de tanta osada y entereza. Son ellos hermanos nuestros por el espritu, y eso vale a menudo ms que el parentesco por la sangre.

Ahora bien. Una cosa es defender al judo o al oprimido y per seguido en general y muy otra es comprenderlo. El que un escritor se niegue a repetir los lugares comunes del antisemitismo no lo coloca en posicin para poder dar un cuadro verdico y literariamente valioso de temas judos.

En la poca del humanismo, hubo escritores que defen dan el judaismo, no por amor a los judos, sino como expresin de anticlericalismo. Un viejo antisemita como Voltaire escribi pginas muy fuertes de polmica pro juda. Dickens, creador, en la persona de Fa- gin, de uno de los personajes judos ms repelentes, trat de remendar o compensar su actitud en su novela Our mutual friend.

Frecuentemente echamos de menos en obras filosemitas precisamente la caracterizacin juda de un personaje. Sobre todo en la poca moderna, en que ha ha bido contactos frecuentes e ntimos entre judos y escritores no judos, el personaje judo de la novela no lo es ms que de nombre.

La descripcin de una familia juda en los barrios ba jos de Nueva York que hace Thomas Wolfe en Del tiempo y del ro, es indudablemente fruto de una observacin directa y no peca ni por ex ceso de idealizacin ni por el peso de los prejuicios. Y sin embargo, se nota a primera vista que es una descripcin hecha de afuera, en la que se pierden los medios tonos y los matices finos, y que impide que poda mos confundir semejante descripcin con la de novelistas judos menos grandes de lo que era Thomas Wolfe.

Encontrar el tono justo en medio de las enmaraadas relaciones humanas del judo, es toda una hazaa psicolgica, aun para el escritor judo, pero mucho ms para el gentil.

En la literatura espaola y sudamericana vemos por lo general des cripciones del judo que se ajustan a las ideas tradicionales. El judo es casi siempre un individuo corrompido, fantico, intolerante, cobarde, avaro, cruel, traicionero y de bajos sentimientos.

Cuando los defenso res gentiles del judo hablan en su favor, dicen a veces que es judo de religin, pero cristiano de sentimientos o bien hacen de l un no ju do. As, Justo Sierra recurre al expediente, en su novela La hija del RETRATOS DE JUDIOS 11 judo, de hacer del judo en realidad hijo de cristianos y, por lo tan to, adornado con todas las virtudes del alma y del cuerpo.

Por regla general, el escritor cristiano no conoce a su judo. Claro est, el judo no existe, como no existen el cristiano ni el fran cs. Hay muchos tipos de judos, y hasta la fecha no se ha logrado en contrar ni una sola caracterstica comn a la mayora de ellos.

Aun cuan do emplea un modelo, raras veces logra hacer de l una figura viva, do tada de sentimientos y reacciones que un judo reconocera como correc tas y bien observadas. Tales retratos literarios muy pocas veces son re conocibles. El pas donde ha habido relativamente menos prejuicio antisemita son los Estados Unidos.

Si tomamos como ejemplo de su literatura al novelista Nathaniel Hawthorne, encontramos una figura juda tan irreal como si fuera tomada de la espaola.

Miriam, en su clebre novela El fauno de mrmol, es una escultora alejamiento notable de la clsica figura de la bella juda, hija del avaro y que no tiene virtud ms alta que la de enamorarse de un cristiano.

Su judaismo se revela, entre otras cosas fantsticas, por un siniestro poder de sus ojos, que es causa de que un joven italiano admirador suyo arroje al perseguidor de Miriam, de noche, a un abismo.

No hay all nada de prejuicio antisemita, pero la muchacha juda es vctima de una siniestra persecucin y dotada de un poder y hado malficos,, aparentemente por ser juda. A veces el hroe o la herona son retratos lomados del natural. Pe ro el hecho de que judos verdaderos e innegables hayan sido los mo delos, no asegura la verdad artstica de una obra, lo mismo que una novela no ser mejor ni ms artstica por basarse en un suceso real que apareci en todos los peridicos.

Los detalles pueden ser perfectamente verdicos, pero artsticamente falsos y vice versa. W C-oldsmid ; en la misma novela, la madre de Daniel, Leonora, princesa de Halm-Eberstein, tiene por modelo a la madre de Disraeli.

El barn de Nucingen que aparece en varias novelas de Balzac Splendeurs el misres des courtisanes, etc. es una caricatura de James Rothschild. La figura de Schmall en La azucena roja, de Anatole France, correspon- ponde a Jules Oppert, presidente de la Socit des Etudes juives m.

El retrato literario es al propio tiempo un juicio y un fallo. No podramos asegurar que el retrato hecho por un escritor judo sea ms justo e imparcial.

Precisamente por ser tan difcil el problema, tendremos que aportar comprensin y simpata a los esfuerzos de los escritores que tratan de temas judos y no clasificar los en seguida como antisemitas o filosemitas. Qu cuadro nos presenta de los judos, si hacemos caso omiso de obras antisemitas?

Encontramos pocas referencias a temas judos en la literatura de la Antigedad. Hubo frecuentes contactos entre judos y griegos en Ale jandra, pero no han sobrevivido sino algunos escritos apcrifos y seudo- epigrficos de autores judos que deseaban defender sus creencias e intro ducirlas en el mundo griego al parecer, parte de una literatura vasta en este gnero y, por otra parte, las primeras calumnias antisemitas.

La situacin no vari considerablemente en Roma, a pesar de que all vivi una poblacin juda numerosa. Ovidio aproximadamente en la po ca de Jess se refiere al sbado judo en su Ars amandi y aconseja al amante que procure visitar a su novia juda el sbado, cuando no est ocupada. El cristianismo era, en Roma, una secta juda.

Plinio odiaba a ju dos y cristianos por igual y los calificaba de raza que desprecia a los dioses. Marcial observa que los judos tienen mal aliento, debido a sus ayunos sabticos ¡el sbado jams es da de ayuno! Tcito repite las calumnias de antisemitas alejandrinos. Los Evangelios Hechos de los Apstoles V, acusan a los judos como enemigos que buscan la destruccin de la nueva fe.

Este concepto est a la base de las polmicas sectarias que no tardaron en convertirse paulatinamente en persecucin. Situacin parecida se presen ta al nacer el mahometismo, que primero se mostr favorable a los ju dos, para atraerlos, pero luego se convirti en enemigo implacable.

Del mismo modo, Lulero aparece como el primer cristiano, despus de la Edad Media, en defender a los judos. Al notar que estos no tenan la RETRATOS DE JUDOS 13 menor intencin de ingresar entre sus adeptos, los denuncia por tercos y obstinados, y se vuelve a perseguir a los judos.

Haba de correr mucha agua por los ros, antes de que se encon trase una descripcin de judos hecha con simpata por parte de un gran escritor europeo. Cervantes m. En Los baos de Argel y La gran sultana aparecen personajes judos de segun da fila a los que se insulta, pero que no son despreciables.

Igualmente Lope de Vega nos presenta en Las paces de los reyes una figura juda sin la animosidad tradicional. Por regla general, es sin embargo muy difcil encontrar en la litera tura espaola personajes judos que parezcan vivos. Aparte de los temas bblicos, encontramos los del folklore, cargados de antisemi tismo clerical.

Ejemplo tpico de ese gnero es La rosa de pasin, de Gustavo Adolfo Bcquer, escritor que bien hubiera podido tener un con cepto ms real de lo que son los judos, puesto que se hallaba profunda mente bajo la influencia de Heine, En su cuento el judo es viejo y des garbado, rencoroso y vengativo como todos los de su raza y, natural mente, dueo de inmensa fortuna, aborrecedor implacable de todos los cristianos.

Vive en una habitacin raqutica, tenebrosa y miserable. Su hija es, desde luego, un prodigio de belleza, de ojos grandes y rodeados de un sombro cerco de pestaas negras, en cuyo fondo brillaba el punto de luz de su ardiente pupila, como una estrella en el cielo de una noche obscura.

Sus labios, encendidos y rojos, parecan recortados h bilmente de un pao de prpura por las invisibles manos de una hada. Su tez era blanca, plida y transparente como el alabastro de la estatua de un sepulcro.

Contaba apenas diecisis aos, y ya se vea grabada en su rostro esa dulce tristeza de las inteligencias precoces, y ya se hincha ban sus senos y se escapaban de su boca esos suspiros que anuncian el vago despertar del deseo. Hganme gracia de la descripcin de la trama.

Slo indicar que un cristiano se enamora de la muchacha. Los judos se preparan a cru cificar al cristiano en las afueras de Toledo. Pero la bella Sara llega a impedir el crimen y rescata al cristiano al precio de su propia vida.

¡Y esto de un escritor romntico que muri en ! Como ejemplo rutilante en el campo contrario, liberal, anticlerical, tenemos a Prez Galds y su famosa novela Gloria. Morton, un rico judo hamburgus, naufraga en la costa espaola.

No es viejo ni des garbado, sino joven y apuesto, pero de todos modos dueo de inmensa fortuna. Esta vez es el judo el que se enamora de una virtuosa mucha- 14 DESTELLOS EN LA PENUMBRA cha cristiana, la que finalmente le conduce a la verdadera religin.

La novedad aqu es que el judo, adems de ser un perfecto caballero, tambin es caritativo, instruido, honesto y adornado de las virtudes cris tianas. El retrato de Morton est hecho sobre el modelo de un personaje real. Aun as no podemos tomar a mal el total desconocimiento del ju do en los hroes o villanos de escritores espaoles que apenas si llega ron a conocer a uno que otro judo, y aun esos lo fueron ms de nom bre que otra cosa.

Pero nos causar extraeza una falta de comprensin verbigracia en Romain Rolland, ilustre escritor francs, pacifista, gran luchador por los derechos humanos y la dignidad humana, que ha te nido discpulos y admiradores judos y que no pocas veces experiment su apoyo abnegado y entusiasta.

En su clebre novela Juan Cristbal describe a ciertos personajes judos que bien pudieron haber sido reales y bien trazados Silvano Kohn, Lvy-Coeur, etc. y que se dan entre judos como tambin entre no judos. Pero si uno quisiese formarse una idea, a base de las no velas de Romain Rolland, de lo que fue la vida juda en Francia, antes de la primera guerra mundial, no podra reprimir el disgusto y hasta asco que sinti este escritor.

Recuerdo que, en mi juventud, la lectura de Juan Cris tbal me fascin de tal manera que no pude dejarla hasta no terminar con los diez tomos. Es posible que no me haya dado cuenta de sus pasajes antijudos? La explicacin probable es que entonces no me pa recieran as, pues no cabe duda de que tenemos judos de psimos mo dales, repugnantes, egostas y, en general, feos ejemplares de la huma nidad.

A pesar de ello, no podemos simpatizar, a estas alturas, con el escritor que hace de ellos representantes de la nacin, de una nacin con la cual se pueden cometer por lo tanto, con alguna justificacin, to das las brutalidades.

Somos ahora ms sensibles. Ese antisemitismo sua ve, al estilo de Romain Rolland, estaba de moda en los veintes, y lo encontramos en esta forma aparentemente inocua y con la cual hasta pudimos simpatizar en grandes escritores como T.

Elliot, Aldous Hux ley o Scott Fitzgerald, para no mencionar sino unos cuantos que han figurado como hroes de muchos lectores judos instruidos.

El lector judo estaba acostumbrado a cierta dosis de antisemitis mo en el ambiente, como el habitante de la ciudad moderna se acostum bra al veneno de los vapores de la gasolina que salen de los tubos de RETRATOS DE JUDOS 15 escape de los automviles.

Ninguno de los dos pareca mortfero y no se les daba importancia. Antes al contrario, la crtica antijuda moderada pareca dar un timbre de sinceridad a la obra, y no se poda culpar al escritor por ver tan claramente los defectos de sus personajes judos, m xime cuando el hombre no era un comejudos.

Describa, al fin y al ca bo, uno de aquellos salones burgueses de gente recin enriquecida, in culta, compuesta a menudo de negreros argelinos, como deca Romain Rolland, por los que el lector judo tampoco senta la ms mnima sim pata.

Pero unas cuantas dcadas ms tarde, no vemos las cosas as. Echa mos de menos que en una novela tan vasta como lo es Juan Cristbal no se encuentre casi ningn rasgo bueno, humano, en los personajes ju dos.

La honestidad del artista exige el contrapunto de alguna caracte rstica amable, aunque fuese en personajes judos secundarios. En los escritores saturados del prejuicio antisemita de tipo clerical ese contra punto se logra, cuando el personaje judo se convierte al cristianismo y resulta ser un dechado de virtudes o, como ocurre con mayor frecuen cia, al presentar a la bella y virtuosa juda que, indignada, abandona las tontas supersticiones de su pueblo, como lo vimos en La rosa de pasin, de Bcquer.

Aun en El mercader de Venecia, de Shakespeare, obra antijuda, puesto que se basa en prejuicios antisemitas populares, encontramos un pattico pasaje en el discurso de Shylock: No tiene el judo ojos?

Romain Rolland, tan a menudo nuestro paladn contra el antisemitismo, encuentra sin embargo {en Juan Cristbal en los asis tentes judos del saln que bajo aquellas frentes duras.

deba de ha ber crmenes. Casi todos eran feos. Encontramos fantasas increbles acerca de los judos incluso en los escritores modernos ms notables. En Scott Fitzgerald The Great Gats- by el judo Waldheim interviene en los resultados de los juegos depor tivos americanos las World Series y, dice el autor, un hombre pu do comenzar a jugar con la fe de cincuenta millones de personas, con la decisin de un salteador que rompe una caja fuerte.

Para el lector ju do, semejantes imgenes son exageraciones risibles, pero para el no judo evoca los siniestros poderes atribuidos a los judos desde la Edad Media. Efectivamente, nuestros autores ni son socilogos ni psiclogos y muchas veces desconocen totalmente al judo como persona.

Lo ven y lo utilizan como espantajo que encuentra resonancia en casi todo su 16 DESTELLOS EN LA PENUMBRA pblico. Elliot el antisemitismo es un efecto rebuscado adrede, una coquetera con cierto pblico igual que su pretendido monarquis mo o su deshilvanado exotismo.

El rasgo de alguna forma de monstruosidad juda es tan ubicuo en la gran literatura europea y americana que los cuadros ms o menos ve rdicos quedan reservados casi exclusivamente a los que combaten en pro de alguna ideologa enemiga del antisemitismo. Giovanni Papini, escritor italiano bastante sagaz, encuentra placer en describir en Gog La tienda de Ben Chusai a un judo que comer cia en cabezas humanas disecadas, fetos con cuatro brazos, libros ma cabros y scalps de indios.

Tal personaje, aunque muy improbable, est dentro de lo posible, por ms que toda la descripcin le parecer desca bellada a cualquier persona que conozca la aversin juda a la necro- filia.

Al cuento le falta el acento de la verdad, sin el cual no llega a ser una obra de arte, pero no le parecer grotesco al lector no judo. Similarmente, Papini revela en otra seccin del mismo libro, Las ideas de Benrub , que los judos le infunden cierto temor, ms que res peto, cuando pasa revista a sus hombres destacados en todos los campos de la ciencia, y su gran habilidad en materia de dinero, que los trans forman en amos de la tierra.

Los hebreos no echan ya veneno en las fuentes y en los ros, pero s, en forma ms sutil, a la mente de la hu manidad, y envilecen los ideales cristianos. Ser que el judo logr convencer al mundo, mucho ms de lo que jams lo hubiera soado, de que tiene alguna relacin especial con la divinidad y que su eleccin es terriblemente verdadera y eficaz?

Esto parece indicado por el oculto terror con que se pinta al judo, por el peligro que se ve en l, por el miedo inconfesado que se le tiene.

Porque el judo aparece como el adversario de las potencias mundiales ms gran des, de poderes tales que podran triturar a cualquier otro pueblo al instante en todos sus dominios.

El pas en que exista la inda juda ms intensa en la poca moder na y en que, al mismo tiempo, las barreras entre judos y cristianos pa recan casi infranqueables, era Polonia.

Los judos polacos, en el siglo pasado, apenas si entendan el polaco y los cristianos no entendan el dish. A pesar de ello, surgi precisamente en ese medio una escritora, Eliza Orzeszkowa que describi la vida juda y los personajes judos con mayor comprensin y finura que ningn escritor francs o ingls.

Su novela Meier Ezofovich era lectura obligatoria en escuelas judas de en seanza superior. Con mucha simpata y gran penetracin describi la RETRATOS DE JUDOS 17 lucha econmica y espiritual de los judos de Polonia y su obra ha cons tituido un importante factor de acercamiento entre los dos pueblos, pre cisamente en uno de los pases clsicos del antisemitismo.

Tambin Mic- kiewicz, uno de los mximos poetas de Polonia, pinta con cario a su personaje judo Jankiel en la novela Pan Tadeusz Orzeszkowa no fue la nica escritora en ver con un espritu nuevo los problemas ju dos.

En varios pases encontramos de repente obras literarias de lema judo que parecen maravillosas flores en medio de un tedioso desierto de incomprensin. La eliminacin del mito medieval en la literatura fue ya un gran paso, aun cuando el judo aparezca en ciertas obras como extico, estram btico o ligeramente risible.

As vemos que un fino cuentista como Che- jov, tan maestro en pintar a sus personajes rusos, apenas si capta una difusa silueta del judo en su cuento El violn de Rothschild, y aun esa es caricaturesca. No son los escritores ms grandes los que han demostrado mayor comprensin del judo ni mayor inters por sus problemas.

Varios de ellos, o quiz la mayora de ellos, quedaron al margen de su problema, aun cuando se hubiesen pronunciado en contra del antisemitismo, como fue el caso de Tolstoy.

No es sorprendente que Rudyard Kipling, que en sus andanzas se encontr con buen nmero de judos aunque gene ralmente de tipo ingls describa sin prejuicio a un oficial judo en la guerra boer El prisionero. En cambio, quedamos asombrados al ver la descripcin de un sionista a carta cabal y eso en hecho por Wini fred Graham en The Zionist.

El hroe es hijo de matrimonio mixto y fue modelado sobre Neil Primrose Subsecretario de Relaciones Exte riores del gobierno ingls en , quien se uni a las fuerzas de Al- lenby y cay en batalla en Fue enterrado en Israel como judo. Se ha dicho que en las bellas letras se repiten cierto nmero de situaciones y conflictos arquetipos que son la base de los relatos pos teriores.

Los cuentos mitolgicos de Sansn, Job, Prometeo, Sisifo, Edi- po, Narciso, etc. se hallan, con infinidad de variantes, hasta en las no velas ms modernas.

Podra agregarse la figura del Mesas, una de las ms grandes ideas religiosas de todos los tiempos. La preocupacin con la idea mesinica se halla a la base de gran parte y quin sabe si no la mayor parte de todo lo que se ha escrito en Europa desde la Edad Media en el campo de las bellas letras.

Desde luego, no en su forma re ligiosa, puesto que el cristianismo afirma haber resuelto el problema, pero s como fermento ideolgico y anhelo de un mundo mejor. En las obras 18 DESTELLOS EN LA PENUMBRA de inspiracin religiosa, el papel que se nos ha reservado a los judos, es el del angel cado, rebelde, o sea el diablo.

El pueblo que ha dado naci miento a Dios y a la madre de Dios es, al mismo tiempo, el que los ha repudiado, rechazado y crucificado. Su continuada existencia aparece como uno de los grandes misterios de la humanidad.

Pero hay muchas obras en que ese mismo tema se trata con una sensibilidad ms fina. Acptase el punto de vista judo de que la huma nidad no est redimida, en vista de que siguen las guerras, y la injus ticia domina en el mundo.

en el cuento Arsareth del novelista sueco Per Hallstrm o bien la nostalgia de Jerusaln en uno de los Cuentos Judos del novelista aus traco Leopold von Sacher-Masoch, ms conocido por haberse dado su nombre al masoquismo. En algunos casos el pueblo judo llega a ser identificado con Cristo, como en el curioso cuento del poeta Coningsby Dawson El soldado desconocido , en que esboza la idea de que Jess reaparece y muere en la forma de una vctima juda de las gue rras, o en el cuento de J.

Campbell Cristo viene a nosotros. Varios autores, movidos por el respeto, la compasin o sencillamen te por la contemplacin de la tragedia juda, han escrito pginas llenas de simpata y de comprensin. Pedro el Ermitao, de las Miniaturas His tricas del gran escritor sueco J.

Strindberg podra cons tituir uno de los episodios de Kidush Hashem. Difcilmente se podra expresar la simpata hacia el sino judo mejor en el cuento de Mximo Gorki El muchachito. Incluso en pases de antisemitismo arraigado y tradicional, como Polonia y Rumania, encontramos obras literarias en que se trata al judo sin hostilidad.

Buen ejemplo es el cuento del gran dramaturgo Ion Carageale. El cuento de Carageale es particularmente ins tructivo y nos muestra un camino bastante largo que se ha recorrido des de Shakespeare. El autor trata el mismo motivo que hallamos en El mer cader de Venecia: la venganza o autodefensa del judo.

El judo logra aplastar a su perseguidor, pero debido a la forma en que lo hace, el hroe llega a la conviccin de que dej de ser judo. Ese final del cuento es de extraordinaria penetracin psicolgica.

Claro est, hay en la vida real judos que nada tienen de especfi camente judo, y es natural que los encontremos igualmente en la lite ratura. Slo que al subrayarse su carcter judo, esperamos que el autor afronte los conflictos que resulten. En algunos casos, como por ejemplo Earth and High Heaven de Gwethalyn Graham o en Gentlemens Agree ment de Laura Z.

Hobson, los personajes no tienen de judo ms que RETRATOS DE JUDOS 19 el nombre, y su defensa se basa precisamente en este carcter neutro e incoloro. En el otro extremo encontramos a judos que no lo son y que sin embargo representan al judaismo en la mente del autor.

La figura de Leopoldo Bloom en la novela Ulses, de James Joyce, es la de un con verso desde la infancia que vive en Irlanda. La accin es anterior a la primera guerra mundial. Sin embargo, el personaje recita el himno sionista y una frase hebrea cuyo significado les era desconocido a ju dos conscientes y educados entre , en el ambiente de Bloom.

Con todo eso, Bloom teme que su amigo podra tomarlo por judo. Resulta evidente que Joyce introduce su idea de lo que son los ju dos en el retrato de Bloom. Esto no se puede evitar enteramente. Schiller, Turgunev y algunos otros grandes escritores, despus de haber escrito de acuerdo con el antisemitismo popular, dieron marcha atrs, o bien enmendaron lo que les pareca un error, publicando obras en que trata ron favorablemente a sus personajes judos.

Otros ms han estado y es- tn demasiado vinculados a tendencias reaccionarias u obscurantistas para poder tratar al judo con candor. Dostoyevski no tuvo tratos con judos ms que a distancia.

Su antisemitismo se debi, en gran parte, a su misticismo cristiano y panruso, opuesto a todo lo que representaba el judaismo. Algunos autores supieron elevarse por encima del problema judo y describir sus personajes sin ideas preconcebidas.

Ejemplo notable de esta actitud es el gran cuentista francs Maupassant. En su cuento Ma demoiselle Fifi, el personaje judo pertenece a los bajos fondos de la sociedad y sin embargo se convierte en herona. La accin se realiza en la guerra franco-prusiana, pero tiene aun hoy un sabor moderno.

Dif cilmente podramos reprocharle a Maupassant el haber elegido una fi gura de las heces de la sociedad juda y que, claro est, dista mucho de ser representativa, cuando el ms conocido entre el pblico gentil de los escritores dish, Shdem Asch, utiliz un tema de parecida ndole en una obra teatral.

El escritor tiene que identificarse en cierta medida con sus perso najes. En el arte slo alcanza la verdad y la grandeza lo que se relaciona con nosotros mismos en lo ms hondo de nuestro ser. Tiene que repre sentar para nosotros algn ideal, algn anhelo, o bien un temor, una reprobacin.

El antisemita puede escribir una obra fuerte y humana, pro yectando sus propios temores y odios sobre el judo. Hay cierto infan tilismo en esta actitud que convierte al judo en demonio. Aunque no 20 DESTELLOS EN LA PENUMBRA es ya popular entre los escritores de primera fila, la tendencia aun no ha pasado de moda totalmente.

Ellos prefieren silenciar el elemento ju do, aun all donde parece imposible eliminarlo. La tendencia mundial es callar, como si se tratase de algo indecente, cuando debera recalcarse la gran tragedia del pueblo judo en las ltimas dcadas.

Quiz sea jus tificada esta actitud, puesto que no se puede mencionar la vergenza de nuestro tiempo como una cosa cualquiera. Y sin embargo, cmo es posi ble que aparezcan libros sobre la poca de los nazis, sobre las persecu ciones en los pases ocupados, sobre la inhumanidad nazi, que apenas si mencionan la tremenda catstrofe juda?

En medio de la apata general frente al crimen y junto al pre juicio milenario encontramos sin embargo la nobleza de alma y la com prensin humana. La encontramos incluso en los antisemitas ms elo cuentes. Pero tales hallazgos, aunque preciosos, son raros.

Lo corriente es no slo el odio, sino el temor al judo. En medio de la cobarda ge neral y de la sumisin ante el ms bajo comn denominador del pensa miento popular se encuentran sin embargo algunos espritus libres del peso del prejuicio, artistas verdaderos que saben esculpir la imagen de un hombre de acuerdo con la visin que Dios les dio.

A esos hemos de elevarlos a un pedestal ms alto an que las almas caritativas que pro curan deshacer el mal que tntos nos han hecho. BOCCACCIO Giovanni Boccaccio, escritor, poeta y humanista italiano es autor del Decmeron, una de las obras ms clebres de la literatura mundial y, desde un punto de vista artstico, no inferior a La Divina Comedia del Dante.

El cuento que sigue refleja el espritu tolerante y amable del autor, que contrasta con el odio cerril que encontramos tan fre cuentemente en obras medievales que tratan de judos. Los tres anillos El judo Melquitsdek evita, merced a una historia de tres anillos, el anzuelo peligroso que Saladino le ahba preparado.

As que Neifila di fin a su narracin, que fu saboreada por todos los que la rodeaban, Filomeno, a un signo de la reina, tom la palabra y comenz en estos trminos: La historia que acaba de contar Neifila me recuerda el caso difcil en que se hall un judo en cierta ocasin.

Ya hemos hablado bastante en alabanza de Dios y acerca de la verdad de nuestras santas creencias. Creo que ha llegado el momento de que hablemos acerca de lo que su cede entre los hombres. Con este fin os contar una historia que os ensear a responder sabiamente a las preguntas difciles que puedan seros hechas.

Debis saber, amables compaeros, que si la imbecilidad puede hacer caer a un hombre rico y poderoso en la condicin ms mi serable, el buen sentido salva al sabio de los mayores peligros procurn dole a menudo la felicidad y asegurndole un porvenir tranquilo.

Es intil, por ahora, que nos ocupemos de los numerosos ejemplos en que vemos cmo la tontera de los hombres es la causa de su cada. Es del buen sentido y del ingenio, motivo de nuestros xitos, de lo que quiero, como os lo he prometido, ocuparme en esta corta historia.

Saladino fu uno de los hombres ms ilustres de su siglo, y se elev por su valor de un puesto secundario hasta el trono de Babilonia. Obtu vo muchas victorias brillantes sobre los cristianos y sobre los sarracenos, mas aquellas guerras y los gastos a que le llevaron su fasto y sus libera lidades agotaron su tesoro.

Teniendo precisin de una buena suma de 22 DESTELLOS EN LA PENUMBRA dinero para pagar sus necesidades, y no sabiendo cmo procurrsela en el corto plazo en que la necesitaba, se acord de un rico judo, llamado Melquitsdek, que prestaba con usura en la ciudad de Alejandra. Estaba convencido de que aquel hombre, si quera, poda propor cionar el dinero que necesitaba, pero al mismo tiempo saba que era interesado, por lo que temi que no estuviera dispuesto a hacer tal cosa de buen grado.

Por un momento se sinti confuso, pues no quera tener que acudir a la violencia. Violentado al fin por la necesidad, se vali, para conse guir sus fines, de un medio razonable en apariencia. Envi en busca del judo cierto da y le hizo sentar familiarmente a su lado, dicindole: Sabio hombre, todo el mundo alaba tus luces y tu sabidura en las cosas divinas.

Podras decirme cul es la ms verdadera de estas tres religiones: la juda, la mahometana o la cristiana? El judo, que era efectivamente un hombre sabio y prudente, com prendi que Saladino le tenda un lazo, y que no podra dar la preferen cia a ninguna de las tres religiones sin exponerse.

Buscando en su cabe za una respuesta que pudiera sacarle de aquel mal paso, encontr en se guida un medio, y contest: Seor, la pregunta que os dignis hacerme es magnfica, y para que sepis lo que pienso acerca de ella, os contar una pequea his toria que os ruego tengis a bien escuchar.

Me acuerdo, si no me traiciona mi memoria, haber escuchado en muchas ocasiones contar que haba una vez un hombre rico y poderoso, que tena entre sus joyas ms valiosas un anillo de una gran belleza y de un valor inestimable.

Queriendo, a causa de su precio y de su ra reza, que aquella joya permaneciera siempre dentro de la familia, orde n que aquel de sus hijos al que le diera el anillo y sobre y el cual fuese encontrado despus de su muerte, fuera reconocido por su leg timo heredero y respetado y honrado como tal por los otros hermanos.

El que recibi de su padre el anillo hizo con respecto a sus herederos lo que su padre haba hecho con l, de suerte que en poco tiempo el anillo pas de mano en mano, durante algunas generaciones, hasta que al fin cay en la de un hombre que tena tres hijos, los tres hermosos, vir tuosos y obedientes, por lo que a los tres los quera por igual.

Cada uno de ellos conoca las prerrogativas que implicaba la posesin del anillo y todos se disputaban la preferencia de su padre, rogndole, en su vejez, que se lo dejara al morir.

El viejo, que era listo y los quera a todos por BOCCACCIO: LOS TRES ANILLOS 23 igual, no saba por cul inclinarse, y como hubiera prometido el anillo a cada uno de ellos, quiso contentar a los tres. Con tal fin se dirigi se cretamente a un hbil orfebre y le mand hacer otros dos anillos com pletamente iguales al primero, tan iguales que l mismo no pudo reco nocer cul era el verdadero.

Sintiendo que llegaba su fin, los distribuy por separado entre sus hijos. Despus de su muerte, los tres reclamaron la herencia y el ttulo de heredero, queriendo cada uno de ellos ser hon rado como tal, pese a la oposicin de los otros dos, y mostrando su anillo en apoyo de sus justas pretensiones.

Pero los anillos eran tan parecidos, que fu imposible reconocer cul era el autntico. Y aquel proceso que d pendiente y aun no se ha resuelto. Sucede lo mismo, monseor, con la pregunta que me habis hecho acerca de las tres religiones que Dios ha dado a tres pueblos distintos.

Cada uno de ellos cree ser depositario de la herencia de Dios y poseedor de su verdadera ley. Cul de los tres la posee? Como sucedi con los anillos, el pleito an no se ha resuelto. Saladino hubo de reconocer que el judo se haba escapado muy hbilmente del lazo que le haba tendido.

Decidi a plantear francamen te la situacin en que se encontraba, le pregunt si quera serle til y le dijo al mismo tiempo lo que haba resuelto hacer en el caso en que su respuesta hubiera sido menos ingeniosa.

Melquitsdek le prest con generosidad todas las sumas de que tuvo necesidad, y Saladino no sola mente le reembols puntualmente aquellas cantidades, sino que le colm de ricos presentes, le coloc en una brillante posicin y le honr siempre con su amistad.

CERVANTES Miguel de Cervantes Saavedra, el ms ilustre de los escritores de Es paa , menciona raras veces a los judos en sus escritos. Cuando lo hace, ocupan lugar secundario, pero los trata sin el odio y el prejuicio corrientes en su poca.

La siguiente escena est tomada de Los baos de Argel y tiene sabor de farsa. Los baos de Argel Entranse, y sale el Sacristn con una cazuela moj, y tras l el Judo. Cristiano honrado, as el Dio te vuelva a tu libre estado, que me vuelvas lo que es mo.

No quiero, judo honrado; no quiero, honrado judo. Hoy es sbado, y no tengo que comer, y me mantengo de aqueso que guis ayer. Vuelve a guisar de comer. No, que a mi ley contravengo.

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Planifica tu visita al tesoro imperial de Viena. Horarios: a Nochebuena 24 de diciembre : - Última entrada: Cerrado: martes La mejor hora para tu visita: el mejor momento para visitar el tesoro imperial de Viena es entre semana, ya que suele estar menos concurrido que los fines de semana.

Dirección: Hofburg, Schweizerhof, Viena, Austria. Ver en el mapa En autobús: líneas 1A, 2A, 3A, 59A. Parada más cercana: Heldenplatz, que está a minutos a pie del tesoro imperial En Metro: línea U3 Parada de Metro más cercana: Herrengasse, a 5 minutos a pie del tesoro imperial En tranvía: líneas de tranvía 1, 2, D y 71 Parada de tranvía más cercana: Dr.

Parking más cercano: Hofburg Garage, situado justo debajo del Palacio de Hofburg. Café Hofburg: situado en el recinto del Palacio de Hofburg, deléitate con el café y las delicias tradicionales vienesas en este encantador café. Demel: a poca distancia a pie, esta emblemática pastelería y cafetería es perfecta para disfrutar de deliciosos pasteles y postres.

Trattoria Santo Stefano: para una buena comida italiana, visita esta trattoria cercana que ofrece una exquisita selección de pasta, pizza y otros platos italianos.

Abstente de utilizar flash o trípodes. Camafeo de sardónice con 5 capas; Alto: 31 cm, Ancho: 26,5 cm BnF, departamento de Monedas, medallas y antigüedades.

El Gran Camafeo de Francia, obra principal del Tesoro de la Sainte-Chapelle recopilado en el siglo XIII por el rey San Luis de Francia en torno a reliquias de la Pasión de Cristo, es el camafeo de la Antigüedad más grande de los conservados hasta nuestros días.

También es el más famoso de la glíptica romana arte de grabar en piedras duras. A pesar de su tumultuosa historia, este camafeo siempre ha sido muy valorado y, de ahí, que se haya logrado conservar.

Empeñado en por Felipe VI al papa Clemente y restituido en por Carlos V al Tesoro de la Sainte-Chapelle, sería depositado en el Gabinete de medallas por Luis XVI el 1 de mayo de Robado en , se recuperó en Ámsterdam, despojado de su marco original fundido , y se devolvió al Gabinete de medallas en febrero de Vista de conjunto del tesoro, Italia y Galia, entre el siglo I y principios del siglo III d.

Plata, plata dorada BnF, departamento de Monedas, medallas y antigüedades. Descubierto en por un agricultor normando que labraba sus campos, procede de un santuario galorromano dedicado a Mercurio. Contiene obras maestras de la platería romana y galorromana fechadas entre el siglo I y el siglo III y presentadas como ofrendas al dios, con un peso total de 25 kg de plata maciza: dos estatuillas de Mercurio, un servicio de bebida con una rica ornamentación, copas, fíales, vasos, cucharas y otros elementos.

El tesoro de Berthouville regresó al Gabinete de medallas de la Biblioteca en junio de y es una de sus piezas estrella. Ver este objeto en el catálogo de Medallas y antigüedades. Donatien Alphonse François de Sade , Los días de Sodoma, París, Manuscrito autógrafo BnF, biblioteca del Arsenal.

El rollo de «Los días de Sodoma», novela escrita por el marqués de Sade durante su estancia en la prisión de la Bastilla, es en esencia una obra revolucionaria.

Ante todo, Sade es víctima del arbitrio real y del absolutismo que el 14 de julio de derroca. A través de sus escritos, es a su vez contemporáneo y militante de la Revolución francesa. En el siglo XIX, la ciencia somete esta inquietante obra a un minucioso análisis.

El término Sade pasa a asociarse con una perversión sexual, una enfermedad mental. Se convierte en estudio de la revolución científica que traza la frontera entre la normalidad y la patología, para marcar la emergencia de las ciencias humanas.

Redescubierto por los vanguardistas del siglo XX, Sade elimina los márgenes de la monstruosidad e integra la revolución estética y política en el corazón de la modernidad. Encarnación de la transgresión y la libertad para crear, inspira a escritores y artistas.

En 38 tardes, desde su celda de la Bastilla, Sade recopió en su estado inacabado la obra imaginada desde Vincennes: 33 hojas cortadas de 11,3 cm de ancho, pegadas por los extremos para formar un rollo de 11,88 m, cubiertos por ambos lados con una escritura microscópica entre dos márgenes.

Difícil de leer, pero fácil de ocultar una vez enrollado, el objeto vive un destino poco común: jamás nombrado por Sade, robado, oculto durante un siglo para, posteriormente, ser vendido y expuesto como parangón de la perversión sexual, antes de convertirse en emblema surrealista, robado nuevamente y, más tarde, erigido Tesoro nacional, por fin regresa a los «fondos de la Bastilla», conservados en la Biblioteca del Arsenal, de donde se había sustraído originalmente.

El museo de la BnF se renueva cada año para poder presentar a los visitantes todos los tesoros de las colecciones de la Biblioteca.

Para su segundo año desde su inauguración, propone una presentación en torno a la temática de las revoluciones, que se podrá disfrutar del 16 de septiembre de al 8 de septiembre de Esta se exhibirá principalmente en la galería Mazarin, aunque en las demás salas del museo se expondrán otras muchas piezas procedentes de las colecciones de la Biblioteca y que hacen referencia a las «revoluciones».

La nueva presentación de las colecciones se articula en torno al tema de la revolución, reforzada por la diversidad de los campos representados en el seno de la Biblioteca.

Al paso de las revoluciones científicas, técnicas, estéticas y políticas, el nuevo recorrido invita a descubrir obras y documentos más o menos conocidos, y a leer junto a ellos, desde una perspectiva singular, la historia de las mutaciones en nuestras civilizaciones. El visitante podrá contemplar aquí conjuntos comparativos de manuscritos, dibujos, mapas, objetos preciosos, fotografías y trajes que nos retrotraen a momentos clave de una historia occidental marcada por rupturas, impulsos y retrocesos.

Print Send Add Share. Front Cover Tesoros Regios Ilimitados Matter Regiso en la penumbra Premios Aventuras Espaciales Page Prefacio E. Weinjeld: Retratos de judío Boccaccio: Los tres anillos M. de Cervantes: Los baños Lope de Vega: Las paces de los Soutenez Tesoros Regios Ilimitados BnF. Atribuida Negocios para Emprendedores Hispanos Pintor Iliimitados Tesoros Regios Ilimitados Inscripciones de Regio Italia. Encontrada en Vulci Italia en Terracota, figuras Ilimktados, Donación de Luynes en BnF, departamento de Monedas, medallas y antigüedades. Encontrada en una tumba etrusca y fechada hacia a. Uno de los trabajos de Hércules menos conocido le enfrenta al gigante de tres cuerpos Gerión, rey de Eritia, en los confines occidentales del mundo.

Author: Shashakar

2 thoughts on “Tesoros Regios Ilimitados

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